Cuando AJ Kitt, el esquiador olímpico retirado y cuatro veces medallista, les contó por fin a sus hijos trillizos que padecía leucemia mieloide crónica (LMC), se quedó asombrado por su reacción.
“Esperamos años para decirles. Nadie quiere decirles a sus hijos que tiene cáncer si no es necesario, así que decidimos esperar. Creo que estaban en los últimos años de la escuela media. No estaba seguro de qué iban a hacer. Y su reacción fue: “OK, ¿me pasas el ketchup?”, contó Kitt. “No fue gran cosa. Y así ha sido desde entonces. Ahora tienen 20 y saben exactamente lo que es. Están tan cómodos como yo con esto.
Kitt ha sido paciente del Dr. Brian Druker, CEO de OHSU Knight Cancer Institute, desde que lo diagnosticaron hace 10 años. La investigación de Druker dio como resultado el medicamento Gleevec, que fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (sigla en inglés, FDA) hace 25 años, el 10 de mayo de 2001. Gleevec convirtió un cáncer que supo ser una sentencia de muerte en una enfermedad controlable y, a la fecha, ha salvado unas 350,000 vidas en todo el mundo, según la organización sin fines de lucro Blood Cancer United.
Gleevec, también conocido por su nombre genérico imatinib, abrió la puerta para lo que hoy se conoce como terapia dirigida o medicina de precisión. Preparó el terreno para el desarrollo de cientos de tratamientos que específicamente matan células cancerosas sin dañar células sanas.
Pero para Kitt, Gleevec simplemente significa que tuvo la oportunidad de vivir. Como les explicó a sus hijos, que por entonces eran adolescentes, todas esas veces que condujo desde su casa en Hood River, Oregón, hasta Portland para asistir a citas médicas, fue para controlar su LMC.
“Pensaban que era normal que papá condujera hasta Portland para citas médicas”, contó.
Para cuando les contó a sus hijos, su hemoglobina, plaquetas y glóbulos blancos habían vuelto a los niveles normales, y había estado en remisión por años.
“El Dr. Druker acababa de tener una conversación conmigo en la que me dijo: ‘AJ, algún día vas a morir de algo, pero no será por leucemia’”, dijo Kitt. “Fue un alivio muy grande escuchar eso”.
Cuando lo diagnosticaron, Kitt recuerda una sensación completamente diferente: incredulidad y confusión absolutas. A los 46 estaba en forma y era activo, todavía esquiaba y entrenaba. Kitt, el primer esquiador alpino masculino estadounidense en competir en cuatro Juegos Olímpicos, debutó a los 19 años en los Juegos Olímpicos de Calgary en 1988.
A Kitt le encantaba la velocidad, y así vivía su vida: hacia adelante, más rápido, hacia arriba y sin detenerse. Se especializó en las disciplinas de Descenso y Super-G, en las que creó recuerdos inolvidables como miembro del equipo de esquí de EE. UU. por más de una década. Para cuando se retiró de la competición internacional en 1998, se había subido a 12 podios en Copas del Mundo, con cuatro victorias en Copas del Mundo y cuatro campeonatos nacionales de EE. UU.
El retiro de las carreras no lo hizo bajar de velocidad. Él y su esposa, Amy, tuvieron trillizos, dos niñas y un varón, les pusieron nombres que empiezan con la letra A —Ava, Ayden y Aksel— y dividieron su tiempo entre Hood River y Vail, Colorado, donde Kitt entrenaba a equipos de esquí jóvenes en ambas ubicaciones.
Cada invierno, Kitt acababa enfermando de una infección en los senos paranasales. Como no era de los que acudían regularmente al médico, solía pedirle a un amigo que era médico que le recetara antibióticos. Pero un invierno, le pidió ese favor y su amigo le dijo que no podía hacerlo: se había jubilado.
Kitt fue a ver a un nuevo médico de medicina familiar por primera vez en años, y ese profesional clínico notó algo durante el examen: Kitt tenía el bazo agrandado.
“Me estaba palpando el abdomen y dijo que notaba algo raro, así que pidió un ultrasonido”, dijo Kitt. “Después me pidieron análisis de sangre. Todo esto sucedió en un día, un martes. Me llamaron para pedirme que acuda a una cita ese viernes a las 4 p.m. Y el doctor me dijo: ‘Tienes leucemia’. Me tomó totalmente por sorpresa. Conduje a casa conmocionado”.
Le dijo a su esposa, Amy, quien le dijo de inmediato que se vuelva a subir al auto. Volvieron a la clínica, golpearon la puerta para entrar porque acababa de cerrar por el fin de semana. El personal de la clínica dejó entrar a la pareja y les dieron el nombre de un hematólogo(a), un profesional clínico(a) que se especializa en enfermedades de la sangre, médula ósea y sistema linfático en el hospital local. Llamaron de inmediato, pero en el hospital les dijeron que esa persona ya no trabajaba allí.
Ese fin de semana se sintió como el más largo de su vida. Con su bazo agrandado, el médico de Kitt le había dicho que no debía esquiar, ya que si se estrellaba podía morir de una hemorragia interna.
“Sentía que estaba en una isla”, dijo. “Estaba totalmente azotado”.
Todos notaron que Kitt no estaba esquiando ese fin de semana, y les contó a algunos de los padres del grupo de esquí por lo que estaba pasando. Una de las mamás del grupo de esquí era amiga de la esposa del Dr. Druker. Hizo unas llamadas y le dijo a Kitt que se comunicara con él el lunes a la mañana.
“Me pasé el resto del fin de semana leyendo sobre la LMC e investigando al Dr. Druker en Google”, contó Kitt. “Me di cuenta de que era importante, como famoso. Pero de todos modos le envié un mensaje de texto y él me llamó. Jamás olvidaré esa conversación. Dijo: ‘AJ, estoy en Houston en un congreso médico, pero miré los resultados de tus análisis de laboratorio. ¿Puedes ir a mi consultorio el miércoles a la mañana? Vas a estar bien. Te vamos a cuidar’. Y me quebré, empecé a sollozar”.
Fue un comienzo duro, pero Druker tenía razón. Al final, Kitt se recuperó. Primero fue la biopsia de médula ósea, que Kitt describe como un procedimiento y una recuperación dolorosos. Después comenzó a tomar Gleevec, con el objetivo de disminuir significativamente el recuento de glóbulos blancos.
Su leucemia estuvo bien controlada durante alrededor de un año y medio, y luego sus números comenzaron a subir sigilosamente de nuevo. Druker le dijo que su resistencia a Gleevec era algo poco común, pero había varios medicamentos de segunda generación disponibles para esta situación. Kitt comenzó a tomar Sprycel y su leucemia volvió a estar bien controlada. Desde entonces, Kitt se encuentra en lo que se conoce como “respuesta molecular profunda”, o remisión profunda.
En la última década, Kitt ha aprovechado al máximo el tiempo de vida adicional que se le concedió, viajando por el mundo con su hijo Aksel, quien ha seguido los pasos de su padre como esquiador de competición. A él y a su esposa también les encanta seguir las actividades de sus hijas: Ava, que es una estrella del lacrosse en University of Maryland, y Ayden, que estudia ingeniería aeroespacial en Embry Riddle University de Daytona, Florida.
La gratitud ahora es una forma de vida para Kitt. Nunca deja de pensar que, si le hubieran diagnosticado LMC en 1995 en lugar de en 2005, su historia habría tenido un desenlace muy diferente.
Druker recuerda bien cómo era la vida antes de la innovación de Gleevec.
“Recuerdo el mundo antes de Gleevec”, dijo Druker. “La gente se encaminaba hacia el desastre, y yo no podía hacer nada al respecto. La LMC era una de las peores enfermedades a las que alguien podía enfrentarse. Entraba en la clínica y los pacientes estaban esperando los resultados de sus análisis de sangre. Al llegar, tenía que decirles: ‘Es hora de poner sus asuntos en orden’. Así era la situación”.
En la actualidad existen cinco medicamentos en el mercado para esta leucemia. Y en las últimas décadas, los científicos han descubierto muchos otros usos para Gleevec. Es muy eficaz en el tratamiento de los tumores del estroma gastrointestinal y de algunos tipos de cáncer de piel. También se utiliza en el cuidado de pacientes trasplantados y para tratar enfermedades autoinmunes, alergias y fibrosis.
Knight School
Cáncer de la sangre antes y ahora: 25 años de innovación
Qué: Una noche de presentaciones y celebración, con la participación de AJ Kitt, competidor olímpico y sobreviviente de cáncer; Dr. Brian Druker, CEO de Knight Cancer Institute; Julia Maxson, Ph.D., profesora asociada, División de Ciencias Oncológicas, School of Medicine, Knight Cancer Institute.
Cuándo: martes, 19 de mayo, de 6 a 8 p.m.
Dónde: Knight Cancer Research Building, 2720 S. Moody Ave., Room 1015 (KCRB Auditorium)
Inscripción (gratuita): Inscríbase para asistir al evento gratuito.
Adaptación: Solicite una adaptación razonable para este evento por correo electrónico en KnightSchool@ohsu.edu.
Es increíblemente gratificante, dijo Druker, alcanzar el hito de los 25 años desde que la FDA aprobó Gleevec.
“Recuerdo lo difícil que fue llevar a Gleevec a los ensayos clínicos en humanos”, dijo Druker. “Conseguir la aprobación y la financiación para eso. Y luego la emoción de ver que el medicamento funcionaba exactamente como yo había sospechado que lo haría. Ha sido el honor de mi vida luchar por mis pacientes y ver cómo Gleevec devuelve la vida a cientos de miles de personas”.
En cuanto a Kitt, está trabajando con Druker para que muy pronto llegue el día en que intente dejar de tomar su medicación por completo. En algunos pacientes con LMC, es posible dejar el tratamiento con éxito sin que la enfermedad reaparezca, y Kitt es un candidato. Si su LMC reaparece, puede volver a tomar su medicamento y esperar que su leucemia vuelva a entrar en remisión.
A pesar de todo, dijo que todavía le sorprende que el descubrimiento de Druker haya convertido un cáncer mortal en un diagnóstico altamente controlable que genere la reacción “pásame el ketchup”. Y está lleno de gratitud hacia su médico, un investigador y ejecutivo de un instituto oncológico que todavía insiste en atender a pacientes cada semana.
“Ni siquiera puedo comenzar a describir a Brian: ¿salvavidas, ángel?”, contó Kitt. “Es decir, con él me puse en manos de Dios. Brian es el tipo más inteligente en cualquier sitio donde se encuentre, pero tiene un trato con los pacientes extraordinario. Se va a quedar allí sentado respondiendo todas las preguntas.
“El hecho de que descubrió y desarrolló Gleevec y todo lo que tuvo que atravesar para lograrlo, y luego se siente junto a su cama y lo toma de la mano… realmente es extraordinario.”.