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Paciente que recibió trasplante de corazón en OHSU vive su vida a plenitud casi tres décadas después de su cirugía

Sharol Lucey, una de las pacientes que más alargó su vida después de un trasplante en Oregon, homenajea a su donante viviendo su vida a plenitud y ayudando a otros en el camino
Sharol Lucey, residente de Vancouver, se ha propuesto vivir la vida al máximo y ayudar a los demás después de recibir un corazón de un donante hace 26 años. (OHSU/Christine Torres Hicks)
Sharol Lucey, residente de Vancouver, se ha propuesto vivir la vida al máximo y ayudar a los demás después de recibir un corazón de un donante hace 26 años. (OHSU/Christine Torres Hicks)

Nietos, viajes a la playa, navidades en familia y rollos de canela recién horneados son solo algunos de los recuerdos que Sharol Lucey ha ido acumulando en los últimos 26 años, gracias a un corazón que le donaron en 1997.

Lucey es una de las pacientes receptoras de un trasplante de corazón de Oregón que más años ha vivido. Como lo ha hecho durante muchos de estos 26 años, la residente de Vancouver de 76 años se sumó a otras personas que recibieron trasplantes de órganos durante el evento de agosto de Oregon Health & Science University para concientizar acerca de la importancia de la donación de órganos.

OHSU tiene el programa más grande y antiguo de trasplantes de corazón de la región. Hoy, Lucey es la prueba viviente del acto de generosidad de quienes marcan la casilla de donante de órganos en su licencia de conducir para salvar vidas.

Deborah Meyers, M.D. (OHSU)
Deborah Meyers, M.D. (OHSU)

“Sobrevivir después de un trasplante y vivir con un órgano requiere atención a largo plazo y esa atención requiere una persona especial. Y Sharol es especial”, dijo la Dra. Deborah Meyers, profesora adjunta de medicina (medicina cardiovascular) en OHSU School of Medicine y jefa del área de insuficiencia cardíaca y trasplantes de corazón. “Sigue viviendo una vida plena y activa a pesar de los retos que enfrentó”.

Lucey siempre valoró su excelente salud, nunca sufrió problemas graves y jamás de fracturó un hueso. Eso fue hasta los 49 años, cuando empezó a sentir cansancio con actividades ligeras como hacer la cama. Cuando llegó el Día de los Caídos, se sintió muy mal y con una enorme opresión en el pecho.

“El médico me dijo que una de las válvulas de mi corazón estaba en mal estado, pero que el problema era a raíz de una cardiomiopatía”, dijo Lucey sobre su diagnóstico inicial en el OHSU Knight Cardiovascular Institute.

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Una cardiomiopatía es una afección que impacta la capacidad del corazón de bombear o funcionar bien. Es una causa frecuente de insuficiencia cardíaca.

Desde entonces, Lucey comenzó a tomar medicamentos para la hipertensión cada cuatro horas. Se mantenía activa con su nuevo negocio de polarización de ventanas, pero con el tiempo debió cerrarlo porque se quedó sin fuerzas; tan solo arreglarse el cabello era un gran esfuerzo para ella.

“Me peinaba un poco, esperaba unos minutos, hacía otra cosa, luego terminaba”, dice Lucey.

En una cita de seguimiento, su equipo de atención médica le dijo que necesitaba un corazón nuevo, y la incluyeron en la lista de espera para un trasplante.

“Me dio mucha ansiedad cuando me dijeron que necesitaba un trasplante”, dijo. “Un trasplante despierta muchas emociones diferentes”.

Seis meses después, Lucey recibió el corazón de un donante que le cambió la vida por más tiempo del que creyó posible.

Un corazón agradecido

Sharol Lucey y Marlene Klopft suelen asistir a conferencias para ayudar a promover la importancia de la donación de órganos. Han aparecido juntos en un calendario promocional de donación de órganos. (Cortesía de Sharol Lucey)
Sharol Lucey y Marlene Klopft suelen asistir a conferencias para ayudar a promover la importancia de la donación de órganos. Han aparecido juntos en un calendario promocional de donación de órganos. (Cortesía de Sharol Lucey)

Después de su recuperación, el corazón de Lucey empezó a latir con renovada pasión, disfrutando de sus gustos: disfrazarse para una fiesta, viajar por el mundo y pasar tiempo con sus nietos en juegos de beisbol u horneando para las fiestas. Aunque vivía su vida a plenitud y con agradecimiento por su nuevo corazón, no podía dejar de pensar en su trasplante.

“Esta persona debió morir y yo estoy viva”, dijo. “Me preocupaba su familia, me preguntaba quiénes eran y qué hacían. Los trasplantes de corazón son un bendición acompañada de una nube negra; un persona debió morir para que una reciba este regalo de la vida”.

Lucey y su esposo, Mike, empezaron a buscar información sobre su donante. Supieron que su nombre era Steve. Era padre y trabajaba para una empresa mayorista grande. Lucey dejó su información al programa de donantes de OHSU y les dijo que estaba abierta a recibir el contacto de la familia de su donante, si ellos querían. En 1998 empezó a recibir mensajes telefónicos de la madre de Steve, Marlene. Esos mensajes de texto amables se convirtieron en una amistad que continúa hasta hoy. Lucey y Marlene van juntas de vacaciones e incluso trabajan juntas en el programa de concientización sobre donación de órganos.

“A veces piensan que somos hermanas”, dijo Lucey. Han dado charlas juntas sobre la importancia de la donación de órganos en diferentes eventos para grupos de la sociedad civil y escuelas. Han compartido sus fotos en los calendarios del programa de donantes e hicieron piezas para las mantas de donantes.

Una de las preguntas que más le hacen a Lucey acerca del corazón de su donante es si tiene intereses o afectos que no tenía antes del trasplante.

“A Steve le gustaba arreglar autos y a mí no me gusta”, ríe Lucey. Pero su nuevo corazón la inspiró para iniciar una colección de elementos de decoración con corazones: cuadros, adornos y otros tesoros con forma de corazón decoran su casa.

Darles esperanza a otros pacientes

Vivir 15 a 20 años después de un trasplante de corazón es frecuente hoy, dice Meyers. Vivir con un corazón trasplantado después de 26 años sigue siendo algo extraordinario. Sin embargo, no siempre el camino es fácil.

“Mi proceso también tuvo sus complicaciones”, dice Lucey. “Ya me había trasplantado hacía unos años y, durante un chequeo, descubrieron que tenía una válvula aórtica bicúspide”.

La válvula aórtica bicúspide del corazón que recibió Lucey es diferente de la válvula aórtica de un corazón normal, que está entre el ventrículo izquierdo del corazón y la aorta, que es la arteria principal que transporta la sangre desde el corazón al resto del organismo, y su función es garantizar que la sangre no vuelva al ventrículo izquierdo. Una válvula aórtica bicúspide tiene dos valvas en lugar de tres. Como no bombea de manera tan efectiva, las personas con esta afección a veces necesitan una corrección con cirugía en algún punto de sus vidas.

Lucey se sometió a tres cirugías de válvula entre 2001 y 2005. En esa época los procedimientos eran invasivos: para acceder al corazón, los cirujanos debían hacer un corte en el esternón y abrir las costillas. Hoy esos procedimientos son mucho menos invasivos y se pueden hacer mediante un catéter, explica Meyers.

“Si me mira hoy, me veo saludable. Pero en un momento me veía muy enferma”, dice Lucey.

Decidida a concientizar acerca de las enfermedades cardíacas, en 2006 participó de un estudio que dio lugar a pruebas genéticas para la detección de cardiomiopatías idiopáticas. Ahora, con una simple prueba genética se puede saber si una persona de cualquier edad corre riesgo de sufrir una cardiomiopatía idiopática. Les hicieron la prueba a sus hijos y nietos y, para su alivio, no heredaron el gen.

A través de su participación en el programa de educación de donantes, ensayos clínicos y la atención médica que recibe para su afección, Lucey ha forjado relaciones profundas con el personal de OHSU, incluida Meyers.

“Sharol no es solo una paciente. Ha contribuido a la concientización sobre la donación de órganos con su trabajo. Tiene una vida sumamente plena, un esposo maravilloso que la apoya y la acompaña, un enorme sentido del humor y una gran determinación de vivir su vida al máximo”, dijo Meyers.

“Puede dar esperanza a pacientes que están evaluando someterse a terapias de avanzada y trasplantes”.

Casi tres décadas después del regalo de su corazón, Lucey tiene un consejo para otros pacientes que necesitan o que recibieron un trasplante:

“Es un milagro. El resultado vale cualquier esfuerzo que uno deba hacer”, dice Lucey. “La vida no tiene promesas, tengas buena salud o no. Las cosas pueden cambiar en un día. La cirugía de corazón no es una panacea. Después hay otros retos que enfrentar, pero hay que enfrentar cada uno de ellos. Y el personal de OHSU hará todo lo que está a su alcance para ayudar”.

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