Investigadores de la Oregon Health & Science University han asegurado una subvención de $2.9 millones por parte de los Institutos Nacionales de Salud (sigla en inglés NIH) para desarrollar un nuevo y altamente dirigido abordaje para prevenir el deterioro dental, una de las enfermedades más comunes y costosas a nivel mundial.
Encabezado por Justin Merritt, Ph.D., profesor en la División de Ciencias Biomateriales y Biomédicas en la School of Dentristry de OHSU, el proyecto pretende eliminar las bacterias dañinas de la boca mientras se preservan los microbios beneficiosos. La estrategia podría transformar la forma en que se tratan las enfermedades dentales.
El deterioro dental afecta a más de 2 mil millones de personas a nivel mundial y conlleva un costo anual estimado de $245 mil millones, haciéndolo una de las afecciones de salud más caras de manejar.
“Se trata una de las enfermedades más comunes y prevenibles de todas las enfermedades”, asevera Merritt. “La mayoría de la población del mundo sufre de deterioro dental en algún momento”.
Rebasar los antibióticos
Por décadas, el tratamiento para infecciones bacterianas ha dependido en antibióticos de amplio espectro. Si bien eficaces, en muchos casos, dichos medicamentos arrasan con bacterias, tanto dañinas como beneficiosas, un abordaje que puede interrumpir el equilibrio bacteriano natural del cuerpo.
Dicho tratamiento es particularmente problemático en la boca.
“Los antibióticos son como bombarderos masivos”, dice Merritt. “Cuando se trata del microbioma oral, el arrasar con todo es una idea terrible”.
A diferencia de las infecciones causadas por un solo patógeno, el deterioro dental es el resultado de una compleja comunidad microbiana que con el tiempo se desequilibria. Muchas de las bacterias en la boca realizan funciones esenciales, incluidas la protección contra infecciones fúngicas y apoyo general a la salud bucal.
El desafío, afirma Merritt, es tener como blanco los organismos dañinos sin destruir todo el ecosistema.
La boca como un ecosistema
El trabajo de Merrit está basado en un entendimiento creciente del microbioma oral como un sistema interconectado y formado por la dieta y el ambiente.
Piensa en tu boca como si fuera un ecosistema acuático", explica. “Porque, desde un punto de vista conceptual, es la misma cosa”.
Cuando las personas consumen altos niveles de azúcar y almidón, ese ecosistema cambia. Bacterias que producen ácidos como la Streptococcus mutans, o S. mutans, obtienen una ventaja, mientras que los microbios beneficiosos disminuyen. Con el tiempo, el ácido que producen desgasta el esmalte del diente más rápido de lo que el cuerpo tarda en repararlo, lo cual conduce a las caries.
Más que tratar de eliminar todas las bacterias, el equipo de Merritt se concentra en restaurar el equilibrio.
“Si pudiéramos mermar esos bichos que tienen una ventaja artificial debido a los hábitos humanos, entonces, teóricamente, se podría forzar el restablecimiento de la homeostasis", explica.
Las bacterias son el blanco
El proyecto financiado por los NIH se concentra en un sistema molecular dentro de las células bacterianas conocido como el degradosoma de ARN, lo cual ayuda a regular la actividad genética.
La investigacion de Merritt ha mostrado que este sistema depende de una red de interacciones de proteínas para que funcionen apropiadamente. Al interrumpir esas interacciones, los investigadores creen que pueden convertir la "maquinaria" de las bacterias en un mecanismo de autodestrucción.
"Si previenes que ese sistema 'hable' con las demás proteínas, se vuelve tóxico", señala Merritt. “Esencialmente, la celula se matará a sí misma”.
El equipo de Merritt busca diseñar intervenciones que sean especificas a S. mutans, dejando mayormente otros microbios inafectados. Dicha precisión podría reducir efectos secundarios y ayudar a mantener un microbioma oral sano.
El proyecto usará una combinación de genética, imagenología avanzada y tecnologías secuenciales para mapear la manera en funciona el sistema e identificar puntos para la intervención.
Cosa de salud pública
Si bien suele verse como asunto rutinario o cosmético, el deterioro dental puede tener consecuencias de largo alcance para la salud. Una enfermedad dental que no se trate puede conducir a dolor, infección y pérdida dental; ademas, va en aumento su relación con enfermedades de salud más amplias.
Las bacterias de la boca pueden entrar a la corriente sanguínea y viajar a lo largo del cuerpo, contribuyendo, en potencia, a enfermedades, desde el Alzheimer hasta el cáncer.
“Cuando esos microbios entran a otras partes del cuerpo, pueden hacer que esas afecciones se vuelvan más agresivas”, afirma Merritt.
Al mismo tiempo, permanece desparejo el acceso a la atención dental. Muchos planes de seguro tratan la cobertura dental como optativa, dejando que los pacientes posterguen su atención hasta que los problemas se agravan.
“Existe una enorme necesidad económica insatisfecha, así como una carga sobre la infraestructura de la salud pública", explica Merritt.
La subvención de $2.9 millones para cinco años permitirá que el equipo de Merritt procure experimentos de primera etapa, incluido el diseño de moléculas que interrumpan las interacciones proteínicas clave de S. mutans. De resultar exitoso, el trabajo podría fundamentar una nueva generación de terapias de precisión.
Tratamientos de esta naturaleza representarían un cambio de eliminar las bacterias a manejar ecosistemas microbianos, estrategia que puede ser esencial a medida que los antibióticos tradicionales se vuelvan menos eficaces.
“Necesitamos estrategias nuevas”, finaliza Merritt.
La subvencion de Merritt fue otorgada por el National Institute of Detal and Craniofacial Research (instituto nacional de investigación dental y craneofacial) de los Institutos Nacionales de Salud, a través de la subvención número R01DE035840. El contenido es responsabilidad única de los autores y no necesariamente representa las opiniones oficiales de los NIH u otros patrocinadores.