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Un estudio de OHSU identifica una conexión entre la relación cuidador-niño y los síntomas del TDAH

La investigación se basa en hallazgos que indican que la inflamación durante el embarazo aumenta el riesgo de TDAH y pone de relieve la necesidad de fomentar un cuidado temprano y afectuoso
Niño pequeño abrazando a su padre o madre
Un nuevo estudio de OHSU revela que un cuidado afectuoso cuando los niños son muy pequeños puede proteger contra los efectos negativos de la inflamación durante el embarazo, incluidos los síntomas del TDAH. (Getty)

Una investigación del Center for Mental Health Innovation de Oregon Health & Science University aporta nuevas pruebas de que la forma en que los cuidadores interactúan con los niños cuando son muy pequeños puede protegerlos contra los efectos negativos de la inflamación durante el embarazo, incluyendo el aumento de los síntomas del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños.

Algunas investigaciones han relacionado el aumento de la inflamación materna durante el embarazo — provocada por factores como las infecciones, un estado metabólico alterado, el tabaquismo y el estrés — con un mayor riesgo de TDAH en los niños. No obstante, son pocos los estudios que han analizado cómo el entorno posnatal, incluidos los estilos de crianza, puede modificar estos efectos prenatales.

El estudio de OHSU, publicado hoy en la revista Journal of Child Psychology and Psychiatry, reveló que el cuidado afectuoso en la primera infancia — un término que describe el grado en que una persona que cuida a un niño percibe, comprende y responde a sus señales no verbales y necesidades emocionales — parece proteger a los niños frente a estos efectos negativos, reduciendo su riesgo de padecer TDAH.

El estudio de OHSU es el primero en analizar si la inflamación gestacional se relaciona con la aparición futura del TDAH en un niño y si sus síntomas podrían atenuarse con las prácticas de cuidado durante la primera infancia.

Los datos proceden de una cohorte prospectiva de más de 300 personas embarazadas y sus hijos. El equipo de investigación midió los niveles de inflamación en muestras de plasma sanguíneo tomadas durante el segundo trimestre, una etapa del desarrollo cerebral fetal que es especialmente importante para la aparición de los factores de riesgo del TDAH. A continuación, se observaron las interacciones entre padres e hijos cuando los niños tenían seis meses de edad, y se evaluaron sus síntomas de TDAH a los 36 meses.

El análisis de estos datos reveló que el aumento de la inflamación gestacional se asociaba con síntomas de TDAH en los niños durante los primeros años de edad preescolar, pero solo cuando los niños recibían niveles de cuidado afectivo por debajo del promedio.

Hanna tiene el cabello liso y de color marrón oscuro, y sonríe al aire libre.
Hanna Gustafsson, Ph.D. (OHSU)

“Sabemos que la genética influye en el TDAH, pero lo que demuestra esta investigación es que el entorno durante la primera infancia también es un factor importante”, afirma la autora principal, Hanna Gustafsson, Ph.D., profesora adjunta de psiquiatría en la School of Medicine de OHSU. “El entorno prenatal influye en el desarrollo cerebral fetal y el riesgo de padecer TDAH”. Sin embargo, el desarrollo cerebral no se detiene al nacer; continúa a lo largo de toda la vida y puede verse influido por las experiencias de los niños, sus relaciones familiares y su comunidad”.

Los resultados sugieren que los niños con riesgo de padecer TDAH podrían beneficiarse tanto de intervenciones prenatales que reduzcan la inflamación gestacional como de intervenciones posnatales que fomenten las relaciones tempranas entre el cuidador y el niño.

Conexión e interacción

Sin embargo, los investigadores hacen hincapié en que no existe una forma única perfecta de criar a los hijos, y su investigación no pretende ser prescriptiva; más bien, ofrece orientaciones concretas para favorecer la salud mental infantil.

Elinor tiene el cabello largo y castaño, recogido en la parte superior, y lleva un vestido verde; está de pie frente al Pabellón Multnomah de OHSU.
Elinor Sullivan, Ph.D. (OHSU)

“Los nuevos padres están sometidos a una gran presión, pero, como sociedad, les ofrecemos un apoyo y unas herramientas muy limitados”, afirma la coautora Elinor Sullivan, Ph.D., docente de psiquiatría y neurociencia conductual en la School of Medicine de OHSU. “Esta investigación demuestra que los pequeños momentos de interacción y conexión emocional con los hijos pueden tener un impacto significativo que perdurará toda la vida”.

Sullivan afirma que ya existen intervenciones basadas en la evidencia que fomentan las interacciones afectivas y participativas entre padres e hijos, pero que es necesario que estén al alcance de todos y mejor integradas en la infraestructura de la atención médica y los servicios sociales.

Estos programas sugieren que los ajustes que deben aplicar los padres pueden ser sencillos: dedicar unos minutos al día a interactuar activamente con el niño a través del juego; la lectura u otras actividades compartidas; responder rápidamente a los niños cuando hablan; hablar con un tono de voz cálido y tranquilo; y saludar con la mano o sonreír al niño.

De cara al futuro, los investigadores analizarán diversas intervenciones destinadas a reducir la inflamación durante el embarazo, entre las que se incluyen la administración de suplementos de ácidos grasos y la práctica de atención plena. El equipo también destacó que el Departamento de Servicios Sociales de Oregón está trabajando para proporcionar recursos relevantes sobre el embarazo y la crianza a los cuidadores oregoneses.

“No hay un manual para ser padres”, dice Gustafsson. “Apoyar a las personas que cuidan de otros durante la transición a la paternidad no solo beneficiará a los niños, sino que también contribuirá a crear familias y comunidades más sanas para las generaciones futuras”.

Esta investigación cuenta con el apoyo de los Institutos Nacionales de Salud (sigla en inglés, NIH) mediante las subvenciones R01MH117177, R01MH124824 y K01MH120507, y la subvención número UL1TR002369 del National Center for Advancing Translational Sciences. El contenido es responsabilidad exclusiva de los autores y no necesariamente representa la visión oficial de los Institutos Nacionales de Salud.

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