Una nueva investigación dirigida por Oregon Health & Science University indica que debe pensarlo dos veces antes de deleitarse con un refrigerio nocturno si quiere preservar la salud del hígado.
El estudio, publicado en la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology, documenta un aumento de la correlación entre las personas que reportaron comer tarde por la noche (que se define como comer después de la cena o después de la hora de acostarse) y el riesgo aumentado de dos tipos de enfermedad hepática: esteatosis hepática relacionada con disfunción metabólica y cirrosis.
La investigación anterior relacionaba comer tarde por la noche con cardiopatías y obesidad, pero en el nuevo estudio los investigadores(as) se propusieron encontrar una señal de enfermedad hepática en los refrigerios nocturnos.
"Algunos estudios han insinuado esta idea, pero este es de los primeros análisis a largo plazo que hace una conexión explícita con la esteatosis hepática", explicó el autor principal Dr. Robert Wilechansky, un hepatólogo de OHSU que se especializa en trasplantes de hígado.
Wilechansky se dio cuenta de que los trabajadores(as) con turno de noche lidian con la falta de alineación del ciclo natural de día-noche del cuerpo, y tienen tasas elevadas de obesidad y cardiopatías. Con tanto como el 30% de la población de EUA afectada por esteatosis hepática, se preguntó si pequeños cambios en los horarios de las comidas podrían marcar una diferencia.
"Sabemos que el hígado está muy sintonizado con los ritmos circadianos", dijo. "Entonces, nos interesa cambiar el horario de comidas de tal manera que podamos ver una diferencia en salud sin cambiar la composición de lo que la gente come".
Los investigadores(as) analizaron tres grandes conjuntos de datos preexistentes que abarcan toda la nación: el Estudio de Salud del Personal de Enfermería, el Estudio de Salud del Personal de Enfermería II y el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud. Extrajeron hábitos de dieta y estilo de vida reportados por casi 200,000 participantes en esos tres estudios, los agruparon por conductas de alimentación y luego buscaron correlaciones con personas que reportaron esteatosis hepática o cirrosis.
Hallaron un aumento del 20% al 30% en todas las enfermedades hepáticas en el grupo de personas que reportaron comer tarde de noche en comparación con quienes no lo hacen.
"Es importante recordar que, de las personas que desarrollaron esteatosis hepática, solo una fracción reducida desarrolló formas graves de la enfermedad como cirrosis hepática", aclaró Wilechansky. "Aun así, la gran lección aquí es que confinar la ingesta de calorías a varias horas antes de la hora de acostarse puede ser ventajoso."
Nuevo ensayo clínico
Un coautor que estudia ritmos circadianos dijo que el nuevo estudio se fundamenta en investigación anterior que revela la importancia del reloj corporal para la salud general.
"Estamos viendo una y otra vez que el horario de ciertas conductas, ya sea dormir, comer o hacer ejercicio, realmente importa", afirmó el coautor Andrew McHill, Ph.D., profesor asociado y psicólogo circadiano y del sueño en OHSU. "Por ejemplo, hemos demostrado que comer durante la noche, cuando el reloj biológico interno fomenta el sueño, reduce la capacidad del cuerpo de metabolizar los alimentos de manera igualmente eficaz y puede conducir, con el tiempo, a obesidad, diabetes y ahora mala salud hepática."
Destacó que la investigación previa en modelos animales revela que el hígado es uno de los órganos más susceptibles a la falta de coordinación de tiempo entre comer y dormir.
Wilechansky advierte que el estudio es observacional y basado en datos en gran medida autoinformados por participantes, pero sí brinda un punto de partida para más investigación.
Con esa finalidad, forma parte de un equipo en OHSU que está reclutando para un estudio que monitoreará conductas de alimentación de manera directa y verificará si comer más temprano mejora las mediciones clínicas de esteatosis hepática subyacente. El nuevo estudio brinda un punto de partida para poner a prueba estos descubrimientos.
"Nuestros descubrimientos se agregan a la creciente cantidad de literatura que conecta comer tarde por la noche con resultados metabólicos y hepáticos adversos", escriben los autores.
Además de Wilechansky y McHill, los coautores(as) son Kevin Casey, M.P.H., el Dr. Andrew Chan, Ph.D. y la Dra. Tracey Simon, del Massachusetts General Hospital en Boston.
La investigación contó con el apoyo de la Fundación de la Asociación Estadounidense del Estudio de Enfermedades Hepáticas (American Association of the Study of Liver Diseases Foundation), subvención CTORA24-179910.