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La cobertura integrada de salud física y conductual de Medicaid no mejora el acceso ni la atención

“El resultado sorprendente fue que en realidad no cambió nada”, dijo el investigador a cargo del análisis encabezado por OHSU
La integración de la salud mental y física sigue en proceso, según un estudio encabezados por OHSU y publicado hoy en JAMA Health Forum. (Getty Images)
La integración de la salud mental y física sigue en proceso, según un estudio encabezados por OHSU y publicado hoy en JAMA Health Forum. (Getty Images)

Los sistemas de atención médica de Estados Unidos han ido adoptando gradualmente el concepto de que la salud mental se debe tratar en paralelo con la salud física, especialmente a la luz del aumento de los casos de ansiedad y depresión durante la pandemia del COVID-19 y después.

Para mejorar el acceso a tratamientos para salud mental, muchos programas de Medicaid han exigido a las organizaciones de atención administrada que paguen juntos los servicios de salud conductual y salud física. Esto contrasta con el enfoque tradicional, en el que la salud conductual, que incluye el tratamiento de trastornos por abuso de sustancias, estaba “separada” de la cobertura típica de atención médica; esto forzaba a los pacientes a buscar cobertura a través de un plan de seguro completamente diferente.

La hipótesis era que el nuevo enfoque, conocido como organizaciones de atención médica administrada integrada mejoraría el acceso y los resultados para los pacientes.

Sin embargo, un nuevo estudio encabezado por Oregon Health & Science University revela que haber integrado la salud conductual con la salud física no propició cambios significativos en el acceso o la calidad de los servicios de salud en el estado de Washington.

John McConnell, Ph.D.
John McConnell, Ph.D. (OHSU)

“Existía la esperanza de que esto funcionara como un importante catalizador”, dijo el autor principal John McConnell, Ph.D., director del OHSU Center for Health Systems Effectiveness. “La idea era que integrar la atención dentro de las organizaciones de atención administrada impulsaría cambios positivos a nivel clínico, pero eso en realidad no pasó, al menos no por ahora”.

Publicado hoy en Jama Health Forum, el estudio concluye que el cambio administrativo puede ser necesario, pero no suficiente por sí solo, para mejorar el acceso, la calidad y los resultados en general de los pacientes.

Según McConnell, para lograr esos resultados pueden ser necesarias nuevas capacitaciones e incentivos, incluido el cambio de los modelos tradicionales de pago por servicio, en virtud del cual se les paga a los proveedores por cada consulta médica, a alternativas como modelos que pagan a los proveedores por una cantidad fija de pacientes cubiertos por el consultorio.

El equipo de investigación evaluó los cambios en el estado de Washington, que fue pionero en la promoción de modelos de atención integrados para mejorar los tratamientos de salud mental.

El nuevo estudio analizó mediciones con base reclamaciones, como consultas de salud mental; resultados para la salud, como incidentes notificados de pacientes que se autolesionaban; y calidad de vida en general, como índices de arrestos, empleo y personas sin hogar, entre 1.4 millón de pacientes con cobertura de Medicaid en el estado de Washington. El análisis hizo un seguimiento de la implementación escalonada de la integración financiera en los 39 condados de Washington entre 2014 y 2019.

“El resultado sorprendente fue que en realidad no cambió nada”, dijo McConnell.

Aunque los investigadores no lograron hallar mejoras estadísticamente significativas en el acceso o los resultados para los pacientes de todo el estado, McConnell señaló que la integración financiera tampoco empeoró las cosas. Eso es importante, dijo.

“Probablemente haya simplificado las cosas”, dijo.

Además de McConnell, los coautores incluyen a Sara Edelstein, M.P.P., Jennifer Hall, M.P.H., Anna Levy, M.P.H., Maria Danna, M.A., Deborah Cohen, Ph.D., Stephan Lindner, Ph.D., y la Dra. Jane Zhu, de OHSU, junto al Dr. Jürgen Unützer, M.P.H., de la Universidad de Washington.

La nueva publicación contó con el apoyo del Instituto Nacional de Salud Mental de los Institutos Nacionales de Salud, mediante las subvenciones 1R01MH123416 y K08MH123624. El contenido es responsabilidad únicamente de los autores y no necesariamente representa las opiniones oficiales de los NIH.

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