Una investigación de Oregon Health & Science University arroja nueva luz sobre las consecuencias imprevistas de la revocación de Roe v. Wade: Peor atención médica para abortos espontáneos.
El aborto espontáneo —o la pérdida espontánea e inesperada de un embarazo antes de las 20 semanas— es la complicación más común al inicio del embarazo. El estudio, publicado hoy en JAMA, halló que las prohibiciones del aborto a nivel estatal se relacionaron con una reducción en la atención médica basada en la evidencia en el manejo de abortos espontáneos.
Científicos clínicos del Center for Reproductive Health Equity (centro para la equidad en la salud reproductiva de OHSU identificaron un cambio: un alejamiento del manejo farmacológico hacia el “manejo expectante” que consiste, esencialmente, en esperar a que el aborto espontáneo ocurra por sí solo, sin tratamiento ni intervención.
“No podemos restringir un área de la atención de la salud reproductiva sin que ello tenga repercusiones de gran alcance”, afirmó la Dra. María Rodríguez, M.P.H., profesora de obstetricia y ginecología en la School of Medicine de OHSU y directora del Center for Women’s Health de OHSU.
“Los pacientes tienen que esperar más tiempo para recibir tratamiento y, cuando llegan, tienen menos opciones. Estas son implicaciones clínicas muy reales y peligrosas para los cientos de miles de mujeres que sufren abortos espontáneos cada año”.
Impactos clínicos
El manejo del aborto espontáneo requiere los mismos medicamentos y procedimientos que se usan para el aborto, incluidos la mifepristona y el misoprostol, cuya combinación ha demostrado ser más segura y eficaz que solo el misoprostol.
En el estudio de cohortes retrospectivo, los investigadores usaron una base de datos nacional de seguros comerciales para evaluar los datos médicos de 123,598 personas que sufrieron un aborto espontáneo antes de las 10 semanas de embarazo, entre los años 2018 y 2024.
El análisis mostró que las prohibiciones del aborto se asociaron con un aumento del 2.8% en el manejo expectante y una disminución del 2.2% en el manejo farmacológico. Además, entre aquellas personas que recibieron medicamento, los estados con prohibiciones del aborto registraron un aumento del 13.8% en los regímenes basados únicamente en misoprostol, en comparación con la combinación basada en la evidencia de mifepristona más misoprostol.
Esto significa que más mujeres se vieron obligadas a llevar a término embarazos que no eran viables, poniendo potencialmente en riesgo su salud y su fertilidad, y prolongando el duelo por la pérdida del embarazo.
Lo más preocupante es que estos hallazgos probablemente sean solo la punta del iceberg, dice Rodríguez.
“Estos datos corresponden a personas con seguro comercial, por lo que, por lo general, se trata de personas de un estatus socioeconómico más alto que tienen un mejor acceso a la atención médica”, explica. “Si estamos observando un efecto en esta población, es probable que el impacto sea aún mayor en las personas aseguradas a través de Medicaid, quienes por lo general son más pobres y tienen un acceso menor. Eso me preocupa profundamente”.
Incertidumbre jurídica
Más información: OHSU sigue a la vanguardia de la salud reproductiva
El estudio de OHSU tuvo como objetivo cuantificar de qué manera las prohibiciones del aborto a nivel estatal desencadenadas por la decisión de la Corte Suprema de EUA en el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization —la cual revocó el derecho constitucional al aborto en Roe v. Wade— han afectado la disponibilidad del régimen basado en la evidencia para el tratamiento del aborto espontáneo, en comparación con el protocolo basado únicamente en misoprostol.
Los continuos desafíos legales a la distribución de la mifepristona, así como las restricciones institucionales a su uso, han limitado la disponibilidad de este tratamiento incluso en contextos donde el aborto sigue siendo legal y accesible. Como resultado, las pacientes pueden enfrentar retrasos o la denegación de tratamiento para el aborto espontáneo debido a las preocupaciones de los proveedores sobre la responsabilidad penal.
Contar con el espectro completo de opciones de tratamiento es fundamental para respaldar la comodidad, la seguridad y la autonomía de la paciente, afirma Rodríguez. Algunas mujeres que sufren un aborto espontáneo prefieren que el proceso concluya lo antes posible; para ellas, los medicamentos o un procedimiento quirúrgico pueden ser la mejor opción. Otras desean más tiempo para su luto y procesar la pérdida; para ellos, el manejo expectante puede ser preferible.
Sea cual sea la elección, Rodríguez subraya que cada paciente es única y merece ser tratada con dignidad.
“Pasar por un aborto espontáneo es una experiencia singularmente terrible. Lo que las mujeres quieren en esas situaciones son opciones y respeto por esas opciones”.
De cara al futuro, Rodríguez advierte que serán cruciales los esfuerzos por distinguir legalmente entre el manejo del aborto espontáneo y el aborto inducido, así como la protección del acceso a la mifepristona.
“Si no luchamos por preservar lo que queda de nuestra infraestructura de salud reproductiva, seguiremos viendo estas consecuencias con el correr del tiempo. Está en juego la salud de las mujeres en todo el país; no podemos quitar el pie del acelerador”.