Un equipo liderado por médicos científicos(as) en la Oregon Health & Science University ha ganado $1.7 millones, para un periodo de cuatro años, por parte de la American Heart Association para estudiar medidas que mejoren la superveniencia tras un paro cardiaco.
Los paros cardiacos se producen 600,000 veces cada año en Estados Unidos, y los sobrevive apenas 1 persona de cada 10.
Joshua Lupton, M.D., M.P.H., M.Phil., profesor asistente de medicina de emergencias de la School of Medicine de OHSU, liderará el proyecto con colaboradores(as) de OHSU, la University of Pittsburgh, University of Washington, Yale University y Mount Sinai.
Cabe destacar que Oregón ya cuenta con la tasa de supervivencia más alta entre todos los estados —el 14.1%— según lo midió en 2025 el Cardiac Arrest Registry to Enhance Survival (registro para mejorar la supervivencia de un paro cardiaco).
El equipo encabezado por OHSU se abocará a mejorar la atención desde el momento del tratamiento de emergencia y a lo largo de la vida después de salir del hospital. Los investigadores(as) examinarán la manera en que los(as) socorristas administran choques eléctricos con desfibriladores para reiniciar el corazón después del paro cardiaco, probando específicamente la eficacia de las distintas colocaciones comunes de los electrodos de los desfibriladores.
Previamente, los investigadores(as) de OHSU observaron diferencias en la colocación de los electrodos a través de un estudio observacional publicado en 2024; la nueva investigación incluirá un ensayo clínico donde los(as) socorristas prueben abordajes alternativos.
Dicho ensayo se llevará a cabo en Oregón como una excepción del ensayo de consentimiento informado.
“La medicina está llena de ejemplos donde, por un motivo u otro, los estudios observacionales sugieren un beneficio desde un abordaje, mientras que un ensayo clínico aleatorizado no muestra beneficio o ni siquiera daño", asevera Lupton. “Esto hace que resulte esencial que se realicen ensayos clínicos de alta calidad, particularmente en circunstancias como estas que amenazan la vida”.
Además, el proyecto dirigido por OHSU hará uso de la inteligencia artificial para estudiar cuánto tiempo entre choques eléctricos deben esperar los(as) socorristas durante el paro cardiaco. Por último, los investigadores(as) se concentrarán en la recuperación una vez que alguien sobrevive un paro cardiaco, asunto que es de particular importancia para Lupton, quien sobrevivió su propio paro cardiaco como estudiante de medicina en Maryland en 2016.
Los investigadores(as) observan que muchos sobrevivientes y sus familias no se sienten preparados después de salir del hospital.
“Cuando se les da de alta del hospital después de sobrevivir un paro cardiaco, el enfoque principal de las personas es cómo prevenir otro”, explica Lupton. “No debiésemos subestimar las consecuencias de un paro cardiaco, incluidos sus impactos neurológicos que suponen una falta de flujo sanguíneo al cerebro además del trauma emocional”.
Los investigadores(as) se pondrán en contacto con supervivientes de paros cardiacos para ofrecerles apoyo y conexiones a programas de apoyo integrados por otros sobrevivientes. El objetivo es estudiar si este tipo de apoyo mejora la calidad de vida durante la recuperación.
Además de Lupton, el equipo incluye a: Mohamud Daya, M.D., profesor de medicina de emergencias, Matthew Neth, M.D., profesor asociado de medicina de emergencias y Rochelle Fu, Ph.D., profesora de bioestadísticas, todos de OHSU; Ankur A. Doshi, M.D., FAHA, profesor asociado de de medicina de emergencias de la University of Pittsburgh; Jason Coult, Ph.D., asistente de investigación y profesor de medicina en la University of Washington; Alexander Presciutti, Ph.D., profesor asistente de psicología de Mount Sinai; y Sarah Perman, M.D. profesora asociada de medicina de emergencias de Yale University.
La subvención forma parte de una iniciativa de $3.4 millones de la American Heart Association lo cual va a permitir que OHSU y otro equipo de cientificos(as) “emprendan estudios investigativos para comprender mejor cómo predecir y detectar paros cardiacos, con el objetivo de, en última instancia, mejorar el tratamiento y las tasas de supervivencia y mejorar la recuperación y la calidad de vida de los sobrevivientes y sus familias”.